Moría el martes pasado en París el filósofo, sociólogo y politólogo Español, José Vidal-Beneyto –Pepín para sus amigos-.
Su fallecimiento es sin duda un motivo de profunda tristeza para todos aquellos que compartieron activismo político durante gran parte del siglo XX. Firme opositor al Franquismo, Vidal-Beneyto estuvo vinculado al Opus Dei en su adolescencia donde cursó parte de su formación.
La imagen sectaria que siempre ha rodeado a esta institución de la Iglesia Católica hizo que se desvinculara a la postre de la llamada “obra de Dios”. No obstante, los que le conocen afirman que a pesar de este alejamiento, mantuvo siempre un respeto y discreción hacia la institución fundada por Escrivá de Balaguer.
Descendiente de una de las grandes fortunas valencianas, gastó grandes cantidades de dinero en mantener vivo su activismo político durante los años más grises de la dictadura. Fue una de las personas que hizo posible el llamado “Contubernio de Munich” liderados por Salvador de Madariaga y que supondría hasta su muerte el exilio en Francia.
Los más jóvenes no vivimos su acción directa, sin embargo su reconocida pluma hacía que nos gustara leer los artículos que publicaba de cuando en cuando en el diario “El País”, del que era fundador; y que un par de meses sin leer su firma, no hacían presagiar nada bueno.
Profundo europeísta, mantuvo una independencia exacerbada que le valió numerosas antipatías y enemistades en todos los flancos, por todos los frentes. Ferviente crítico de todo aquello con lo que no comulgaba, no ayudó su voluntad de gritar a los cuatro vientos sus opiniones a menudo hirientes.
Muchos le acusaron de haber liderado la oposición al referéndum por el que se instituía una Constitución Europea. Fue aquel un primer round en el combate por la creación de un poder constituyente que trajo en su desenlace y a los puntos, el Tratado de Lisboa, recientemente aprobado y en vigor.
Es cierto que Vidal-Beneyto pudo equivocarse en su feroz crítica a aquel texto. No supo discernir tal vez entre lo necesario, lo malo y lo menos malo. Pero no es menos cierto, que la trinchera que creó -y en la que se parapetaron los mayores escépticos arribistas de la Unión Europea- demostraba una dedicación, un amor tan grande por el proyecto Europeo que no podía permitir la creación de un jorobado.
Descanse en Paz, José Vidal-Beneyto.
Anexo
(Extracto de la necrológica escrita por Carlos María Brú Purón, Fernando Álvarez de Miranda y José Federico Carvajal)
“[...]A él, quién bajo el nombre postizo de “Sr.Zabala” cruzaba de continuo y con peligro la frontera pirenaica, así cómo al Secretario del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo en el exilio, Enric Adroher Gironella y al del Movimiento Europeo Internacional, gran amigo de España, Robert Van Schendell, a ellos tres se debió la idea originaria de una reunión entre los europeístas españoles del interior y del exilio para pergeñar y, ulteriormente, convenir las condiciones democráticas que España debía cumplir para su incorporación a las entonces Comunidades Europeas.
Fuimos allí conscientes de lo que se iba a tratar y de los riesgos que corríamos en un régimen como el de Franco. Acudimos convencidos de que era hora que los españoles nos pusiéramos de acuerdo, enterráramos los restos de la Guerra Civil y buscáramos una salida para la situación en la que estábamos por mor de la dictadura. Y la encontramos. Pese a represalias, mereció la pena y los acuerdos de Múnich informan los principios de nuestra Constitución.[...]
Pepín Vidal fue uno de los motores de la reunión y sin su presencia, ésta no hubiera sido lo que fue. [...]
Los españoles le debemos mucho, otra cosa es que se reconozca así.
Firmado: Fernando Alvarez de Miranda, ex – Presidente del Congreso, José Federico de Carvajal, ex - Presidente del Senado, Carlos María Bru, ex Eurodiputado”